Dos días atrás, la felicidad desbordaba ese cuarto, música muchas personas, ella y él, solo un día más de fiesta o el destino jugaría una mal pasada de aquellas que acostumbra. Un abrazo junto con las palabras, la actitud de toda frustración acompañada de uno, dos, tres y varios tragos de alcohol son el sonido perfecto, la caricia más malévola, el estimulo menos propio para pensar que uno puede tomar la decisión por su cuenta y salirse con la suya tras varios intentos. La noche sigue su curso, mientras que la puerta de la casa cierra, oculta la jugada de ajedrez más maravillosa pero a su vez el sentimiento más triste secundado del juicio social que esto puede traer el hecho de no salir. Los besos, las caricias ocultas en el tequila, las cervezas y el lugar más pequeño de un hogar, desencadenaron una pequeña extraña felicidad, un momento por el cual suspirar y nunca olvidar, sin embargo, el recuerdo jamás llego, solo fue un fantasma , una imagen que pudo ser ocasionado por algún otro efecto, sin saber la consecuencias que esto podría traer, un riesgo que nadie debe siquiera conocer, lo importante de que el alma este tranquila y lejos de alguna desesperación y ahora el tren pasó.
La culpa: el agrío sabor de saber que hiciste daño a tu ser sin querer pero a la vez con esa sed de saber de cualquier placer. Nadie esta preparado para sentir esa culpa, mucho menos para sentirse mal por los actos de los que somos responsables, sin daño no hay aprendizaje dirán algunos, pero en estos casos deberían ir al cuarto oscuro para saber si es verdad o simplemente es una excusa para cometer errores sin recibir consecuencias, sin saber que vienen en camino.
De vuelta a la noche presente, un vaso de agua se llena, el nudo en la garganta apenas deja que el líquido vital hidrate su cuerpo para al menos no sentir la desesperación maldita, la opresión del alma, la herida en el corazón y el sentimiento de culpa, una culpa por unas palabras que dejaron de tener sentido en el momento que la puerta se cerró. La chica se sienta como toda persona que necesita dejar escapar un grito de su alma, en el piso, lo más escondida posible de donde la vean gracias a la pena que le embarga, la suciedad de su cuerpo, parece que por este cuarto no pasa el tiempo, sino la soledad y el desprecio de una persona hacía su propio ser, el cuestionamiento de los hechos, como una solución parece nunca más salir o nunca más vivir. En ese instante el goteo en el suelo es acompañado del sonido más profundo del ser humano, la descarga emocional que en ese momento estaba en el cuarto solo puede ser ilustrado con una gota de dolor...
Raxyz
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